Amigos especiales de la casa
viernes, 19 de octubre de 2007
¿Extrañás?
Una de las versiones caseras había sido filmada en una quinta con pileta. De repente, sentí “algo”. Hacía unos meses que estaba en Canadá así que seguía muy atenta a mis emociones. Algo en la imagen de la quinta, seguro, pero, ¿qué era? Sí, unos árboles, unos ¿álamos? ¿Eucaliptos? No sé, pero el ambiente de ese video me hizo recordar a la quinta de unos amigos nuestros de Chascomús. Vimos construir esa casa desde sus cimientos, es más, fuimos con ellos a elegir el terreno… Y pasamos muchos veranos y fines de semana y fines de año allí.
¿Son los árboles? No… no es un entorno geográficamente más lindo que éste, para nada. Es en todo caso la relación con estos amigos la que extrañamos. Esta historia compartida. Esto bien conocido.
Y de repente se hizo la luz dentro de mí: No extraño esos árboles, no. Estoy empezando a amar estos árboles de aquí. Lo que siento es la extraña sensación de percibir un entorno diferente: La escena cambió. Los colores son distintos. Los olores, los perfumes, los sonidos son distintos. Es algo diferente, es algo extraño.
Ahora me acostumbré. Este ambiente ya no me es extraño en muchos sentidos. (aunque en otros, seguramente lo será por siempre). Pero me sirvió muchísimo ampliar mi vocabulario. Los afectos necesitan palabras para expresarse. O al menos, nombrar dentro de nuestro mismo pensamiento, nos ayuda a dar sentidos. La multiplicidad de sentidos nos ayuda a procesar nuestras emociones. Y finalmente nos enriquece. Nos hace ganar en profundidad.
Cuando te pase, empezá a jugar con esas palabras y preguntate: ¿Estoy extrañando? ¿Me extrañan? ¿Me siento extrañada? ¿Estoy viviendo algo extraño? ¿Soy una extraña?
Las respuestas irán cambiando con el tiempo. Escribilas. Te sorprenderán.
lunes, 15 de octubre de 2007
Solución para los que están lejos?????
http://www.clarin.com/diario/2007/10/15/um/m-01519799.htm

"La solución para los que están lejos: una camiseta que abraza
La empresa CuteCircuit, especializada en la confección de ropa inteligente, creó la Hug Shirt. La prenda posibilita recibir a través de una conexión bluetooth abrazos de personas que se encuentran a varios kilómetros de distancia. Además, permite sentir la presión de quien lo brinda, el calor de su piel y hasta su ritmo cardíaco.
Que la tecnología acorta las distancias prácticamente nadie lo discute. Millones de personas esparcidas en todo el mundo se comunican instantáneamente con sólo hacer un click en un teléfono o una PC. No obstante, hasta ahora, nadie había podido suplir el contacto físico entre dos seres distantes. Eso fue hasta que la empresa estadounidense CuteCircuit especializada en la confección de ropa inteligente, creó una innovadora camiseta que abraza.Colocándose la Hug Shirt una persona puede recibir cálidos abrazos de alguien que puede estar, incluso, en otro país. Esto es posible porque la prenda cuenta con unos sensores que no sólo hacen sentir la presión del abrazo que es enviado, sino el calor de la piel y el ritmo cardíaco del que lo da.¿Cómo funciona? La camiseta tiene unos dispositivos que son activados a través de la conexión bluetooth del teléfono celular. Su dueño, debe haber previamente instalado el software HugMe, que será el que comunicará a la camiseta que el agasajado está recibiendo un abrazo. Para eso, quien lo envía también debe tener un móvil con ese software.Las abraza-camisetas usan baterías recargables y vienen en distintos diseños y colores. Como recomendación, sus creadores aseguran que necesitamos ser abrazados al menos 70 veces al día. ¿No será mucho?"
No todos pueden, pero para los que sí, a mí me parecen más sanos 70 abrazos que 70 cigarrillos diarios... Ahora bien, como no todos pueden acceder todavía a la camiseta inteligente...
qué tal ejercer otras tácticas para sentirse cerca y recibir y dar afecto, más allá o más acá de los kilómetros? Qué recursos tendremos para estar "en contacto"?
domingo, 14 de octubre de 2007
El miedo al cambio

Solo por esas características de nuevo, diferente y desconocido uno podría pensar que se “gatillan” otras emociones subsecuentes como:
a) el temor
(en sus 4 variedades de : miedo, miedito, miedote y hasta pánico!),
b) la confusión
(con sus variantes de simple desconcierto hasta semi despersonalización:
“ya no encuentro lo que me rodeaba. Mi entorno cambio, como debo portarme?”
c) la desorganización hasta los extremos de percibir un grito interior de:
“Ay!! Que hago yo acáaaaaaaaa?????????”
Y en su versión “Escape”:
Me olvido instantáneamente de todo lo que me trajo hasta aquí y salgo corriendo.
Esta ultima versión obliga a realizar una operación psíquica posterior: cuando ya uno esta fuera de la situación angustiante, tendrá que explicarse de alguna manera la situación de huida anterior. Algunas personas podrán explicárselo adecuadamente, y eso producirá un crecimiento que les será verdaderamente aprovechable en situaciones futuras de stress. O bien, no podrán explicárselo y su psiquis les ayudara a inventarse una excusa que justifique la huida, una excusa seguramente errónea y poco aprovechable a efectos del aprendizaje y la ganancia de nuevos recursos, pero al menos útil en cuanto a dar algún significado a una experiencia de confusión que fue muy desorganizadora.
Esto puede aplicarse para cualquier situación de stress frente a lo nuevo o desconocido, no solamente en situación de inmigración.
Sin embargo, en cuanto a la situación de emigración, es bueno venir preparados y preparadas, en el sentido de haber pensado mucho y procesado todo lo posible las emociones, conversando, hablando con otros del tema, compartiendo los miedos con las personas con quienes uno va a compartir la experiencia (familia, pareja, novia o novio, etc.) y si fuera posible, asistiendo a algunas sesiones de trabajo psicoterapéutico para pensar y anticipar esas emociones.
Aún así, es bueno hacerse a la idea de que el stress será un cuco que se va a colar por los rincones, que va a aparecerte cuando menos te lo esperes. Y que va a ser mejor que te prepares a recibirlo, a alojarlo por unos momentos para poder preguntarle sobre tus temores más profundos…
lunes, 1 de octubre de 2007
Ya no sos mi Margarita... Ahora te llaman "Margot".
Sí, sucede a veces que cuando tu vida cambia, cuando avanzás un escalón, cuando dejás atrás una relación poco saludable, cuando lográs ganarle a una adicción, cuando conseguiste un buen trabajo… cuando te recibís… cuando dejas tu país para emprender la aventura de ser inmigrante… ciertas personas de tu entorno se alejan. O, si no se alejan, lo que es peor, es que a veces te son hostiles, te atacan. Así, por debajo, como quien no quiere la cosa. Casi imperceptiblemente, pero lo suficiente como para que sientas que algo en la relación ha cambiado. Que ya no te tratan de la misma manera. Y muchas veces lo dudás, hasta te cuesta expresarlo, pero sentís que te agreden, te critican… quizá sientas el aguijonazo de alguna pequeña bromita irónica que no te arriesgás a calificar de agresiva pero que está ahí… recordándote que algo está pasando, que no sabés qué ni cómo… Pero que la cosa, es con vos.
Definitivamente, es con vos. Y no sabés qué hiciste para merecerlo. No podés explicarte tampoco lo que está pasando con el otro, justamente con “X” con quien la relación siempre estuvo bien y…
Es muy probable que no sea idea tuya. La primera vez, pasa. La segunda… pero muchas veces las sensaciones se suman y te convencés: algo cambió. Pero qué y por qué?
Para tranquilizarnos, para creer que manejamos nuestro entorno, que no estamos tan absolutamente a merced de los vaivenes de las circunstancias, los seres humanos necesitamos crearnos una representación del mundo que nos rodea. Nos creamos ideas, visiones que nos explican, que nos ayudan a pensar quienes somos nosotros y quienes “los otros”. Cuál es nuestro mundo y cómo es el ajeno. Andamos por la vida chequeando lo que los otros hacen para saber si nuestro rumbo es el correcto. Si mejoramos en nuestro “mirarnos al espejo”, necesitaremos menos de ese “chequeo” permanente, por arriba del hombro, a ver qué está haciendo el otro. Pero en algún rinconcito de nuestro ser, algo de eso hay.
Necesitamos, también, jugar las escenas de nuestras vidas en un teatro conocido. Queremos saber el guión y cuáles son los roles de los otros actores. Y si en el reparto de roles, a mí me tocó el del exitoso (por decir algo), es necesario que en mi escena… haya algún otro que sea el perdedor, así en el chequeo de los roles, sabré cual es la crucecita del piso que me marca dónde debo colocarme para que empiece la función.
Si de pronto, el perdedor cambia de juego, si de repente su discurso es otro… esto puede confundirme. Ya no sabré cómo tratarlo. No sabré cómo tratarme. No sabré quién soy.
A todos nos cuesta cambiar, pero para algunos… los cambios los hacen sentir verdaderamente en peligro.
Hay personas cuyo interior está en algún sentido un poquito débil. No pueden aceptar con alegría los cambios en los demás. Si a ellos mismos les cuesta demasiado cambiar, recibirán tus vientos de cambio con mucha incomodidad. Si algo en tu vida y tu imagen les hace preguntarse sobre sí mismos y en la comparación su propia estima les dicta que “salen perdiendo”… podrán atacarte o alejarse.
A veces, es mejor esto último.
Hasta la próxima!
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viernes, 28 de septiembre de 2007
Pero vo só loco?
http://weblogs.clarin.com/ensayo-y-error/archives/2007/09/manicomios_otras_posiciones.html#more
http://www.clarin.com/diario/2007/09/12/sociedad/s-03015.htm
Las notas giraban en torno a dos cuestiones: una, la “desmanicomialización”, esto es, que los pacientes puedan llevar un tratamiento psiquiátrico y psicológico ambulatorio, fuera de la institución de salud mental u hospital psiquiátrico. El otro viejo tema: si la enfermedad mental es una cuestión física, con la cual la limitamos a lo biológico y ahí, una pastillita y ya está. O bien, nos responsabilizamos de otras cuestiones del entorno, o sea las condiciones familiares, sociales e institucionales.
Estas dos cuestiones llevan discutiéndose muchos años y hay muchas razones que confluyen para que, en Argentina, por lo menos, se siga dando tantas vueltas en círculos.
Yo, personalmente, pienso que la locura no puede considerarse al margen del sistema social e institucional perverso que la sostiene.
Recuerdo la prehistoria de mi entrenamiento clínico como psicóloga, los más de diez años que me pasé trabajando en el Hospital Borda (1990 a 2000):
Una mañana en la que me debatía en cómo podría pagar el jardín de mis hijos con mis ingresos paupérrimos (mientras sumaba horas y horas de trabajo gratuito en el hospital) fui a atender a un paciente que me acababan de asignar. Todos los que tienen algo de psicopático en su personalidad, juegan a la vez con una siniestra e inmensa capacidad de captación de las emociones de su interlocutor. Mi nuevo paciente, apoyó las palmas sobre el escritorio, se inclinó hacia delante y mirándome fijo a los ojos me largó: “Ustedes, los psicólogos que vienen acá, están todos EN-FER-MOS!! Tienen que estar realmente locos para venir acá y trabajar gratis!”
Otra mañana esperaba que la máquina del café, cuya decoración ostentaba la foto de un plato de mediaslunas, me devolviera las monedas que decía que me devolvería. Con el café recién sacado en una mano, apretaba el botón y volvía a buscar en el contenedor para el vuelto, sin acertar a hacerme de las monedas que me correspondían. Un paciente que deambulaba por la planta baja parecía estarme mirando hacía un rato hasta que –con su voz a mitad de camino entre carcajada y graznido tabáquico me espetó: “Qué espera, doctora?? No le va a dar mediaslunas, ja, ja!!!”
¿Será así, como decía el chiste? Será que ellos están ahí por “locos” no por boludos?.
Cabrá preguntarse entonces como se distribuyen esos dos roles en nuestra sociedad para que las cosas estén como están…
jueves, 5 de julio de 2007
Socorro, tengo un adolescente en casa!!!!
Con motivo de la visita de Mony Elkaïm esta semana en Montreal, la nota de hoy (http://www.cyberpresse.ca/) lanza la pregunta sobre cuál es el momento justo de pasaje de la adolescencia a la adultez.
Mony Elkaïm, neuropsiquiatra y profesor en Bruselas, se especializa en terapia familiar y ha venido a participar del VII Congreso Internacional de la 'ISAPP (International Society for Adolescent Psychiatry and Psychology), que tiene justamente por tema “De la adolescencia a la adultez: pasajes y transiciones”.
Señala que la sociedad tiene una necesidad de ponerle límites a la infancia pero él prefiere hablar de pasaje a la vida adulta más que en términos de edad, poniendo el acento en la cuestión de la autonomía. En tanto que el joven es dependiente de sus padres, no es un adulto. Y los adolescentes de hoy en día permanecen mucho tiempo dependiendo de sus padres.
Madeleine Gauthier, socióloga y profesora responsable del Observatoire jeunes et société, cita al sociólogo francés Olivier Galland quien desde hace años habla de una des-sincronización de los momentos de pasaje: desde hace tres o cuatro décadas se observa una prolongación de la adolescencia. Antes los ritos de pasaje eran claros: uno dejaba la casa de los padres, encontraba un empleo estable y fundaba una familia. En nuestra sociedad, en cambio, estos ritos de pasaje no se presentan necesariamente en este orden y a menudo se alargan en el tiempo. El único rito que parece conservarse como una cierta forma de poner fin a la adolescencia es el del fin de secundaria
Marc Molgat, profesor de la Escuela de Servicio Social de la Universidad de Ottawa tiene una opinión parecida: en esencia, él cree que hoy la identidad está menos asignada por la familia, los jóvenes tienen más opciones y las condiciones de vida son fuente de inquietud, pero la sociedad les permite volver sobre sus pasos si no han hecho las elecciones correctas. Hoy hay menos presión social por conservar la pareja, los jóvenes tienen una cierta pérdida de referencias pero la sociedad es más flexible.
A mí, que llego desde otra sociedad tan distinta, esto no deja de sorprenderme. En nuestros países latinos este alargamiento de la adolescencia más allá de edades aceptables nos parece tener más que ver con la dificultad de los jóvenes para insertarse laboralmente. Un mundo tan complejo y con tanta falta de opciones en el sentido de obtener la autonomía económica, tiene necesariamente que producir cierta reacción de apatía. Dicho en criollo: ¿cómo ponerle pilas a la independencia cuando los chicos miran que el camino que tienen por delante no sólo es extremadamente difícil sino incierto y muchas veces inútil?
¿Con qué argumentos podemos insistirles a nuestros hijos en la necesidad de estudiar y formarse cada vez?
Pareciera que hay otras cuestiones a considerar, entonces que no se limitan a las dificultades de la sociedad de dónde venimos los inmigrantes:
en este mundo más floreciente económicamente, también hay pérdida de marcos de referencia, también hay menor compromiso hacia la vida familiar y la construcción de la pareja… Tal vez haya que despejar todas esas cuestiones, anche el rápido cambio en el mundo actual, la era del zapping. (o del “toco y me voy”).
Una cosa le diría yo a Marc Molgat, y es que los jóvenes en nuestras sociedades no tienen tanto margen para volver sobre sus pasos si no hicieron las elecciones correctas. Nosotros venimos de un mundo donde el margen para la acción es tan estrecho que si no pudiste ver la opción adecuada en el momento justo… la pérdida puede ser grande. Eso nos coloca en un sistema de vida de mucho estrés.
Cosa que parece que no falta tampoco en esta sociedad, pero es tema para otro día…
Ustedes… qué opinan?
